La reflexión que nos deja Toy Story: ¿en qué momento sentiste que empezaste a alejarte de ti misma?
Toy Story no solo despierta nostalgia: también nos enfrenta al miedo de crecer y dejar atrás partes de quienes éramos.
Toy Story no solo despierta nostalgia: también nos enfrenta al miedo de crecer y dejar atrás partes de quienes éramos.
Volver a ver Toy Story cuando ya no eres niña se siente diferente. Las aventuras siguen siendo divertidas y los personajes continúan despertando cariño, pero algunas escenas comienzan a tocar emociones que antes pasaban desapercibidas.
La saga no afirma literalmente que crecer signifique olvidarte de quién eres. Sin embargo, sus historias están atravesadas por el paso del tiempo, el miedo a ser reemplazado, la necesidad de encontrar un nuevo lugar y la dificultad de despedirse de una etapa que parecía eterna.
Quizá por eso Toy Story ya no nos hace pensar únicamente en los juguetes que tuvimos. También nos hace recordar a la persona que éramos cuando todavía no sentíamos tanta presión por encajar.
Toy Story siempre habló sobre crecer y dejar ir
Desde la primera película, Woody teme perder el lugar que ocupaba en la vida de Andy. Después llegan nuevos juguetes, nuevas responsabilidades y cambios que ninguno de los personajes puede detener.
En Toy Story 3, Andy debe despedirse de una parte importante de su infancia antes de comenzar la universidad. No abandona sus recuerdos porque hayan dejado de importarle, sino porque su vida está entrando en otra etapa.
Ese momento conecta con una experiencia bastante común: crecer implica tomar decisiones, cerrar ciclos y aceptar que no todo puede acompañarnos de la misma manera para siempre.
El problema aparece cuando, junto con esas etapas, también dejamos atrás cosas que todavía eran importantes para nosotras.
¿En qué momento empezamos a alejarnos de nosotras mismas?
No suele ocurrir de un día para otro. A veces comienza cuando dejamos de hacer algo que nos gustaba porque parecía poco útil. O cuando cambiamos nuestra forma de hablar, vestir o pensar para sentirnos aceptadas. También puede pasar cuando empezamos a tomar decisiones pensando únicamente en lo que esperan la familia, la pareja, los amigos o las redes sociales.
Entre los estudios, el primer trabajo, las relaciones y la presión por tener un plan claro, es fácil acostumbrarse a cumplir con todo sin preguntarse si esa vida todavía se parece a la que queríamos.
No significa que cambiar sea malo. Crecer también implica descubrir nuevos intereses, corregir errores y convertirnos en personas diferentes. La pregunta es si esos cambios nacieron de nosotras o del miedo a no encajar.
Por eso Toy Story continúa emocionando a personas que ya crecieron. La historia activa recuerdos, pero también abre una pregunta incómoda: ¿cuánto de aquella persona sigue presente en nuestra vida actual?